Hacía un par de años que había acondicionado ese espacio para ella, era su refugio en el lado más oriental de la casa. Pasaba mucho tiempo ahí. Podía escribir durante horas sin parar, inspirada por la imponente vista de la ensenada, el mar azul, el barquerío quieto con sus incontables mástiles pelones de velas blancas y la playa de arena muy fina en tramos empedrada, enmarcada por montañas de coníferas.
Aquella quietud era interrumpida solo por el graznido de algunas aves que peleaban por su presa. Una suave brisa que llegaba a través del balcón desde el amanecer y el sol que se asomaba juguetón cada mañana… Si, era un placer que habitualmente no compartía con nadie, sobretodo con el pretexto de que era su lugar de trabajo.
seguirá…
475 visitas
